domingo, 24 de agosto de 2014

Eduardo Naranjo sobre LA VÍA NOCTURNA, novela de Nicolás Jiménez




LAS NOCHES DE QUITO
Eduardo F. Naranjo C.

Describir una urbe escarbando recuerdos para construir un pasado, que es historia, y enlazar vivencias de personajes con típico humor quiteño, es obra de prodigiosa memoria y creatividad, con la que Nicolás Jiménez Mendoza cuenta las peripecias eróticas de quienes circulaban por la capital en aquellos nostálgicos años sesentas y setentas.

Su última obra “La Vía Nocturna” recorre las noches bohemias de cabarets y cantinas que envolvían la ciudad esos días, donde un “chulla” del barrio de “San Roque” narra sus percepciones y aventuras matizadas por la sensualidad reprimida que marcaba a los jóvenes, cuando la sociedad estaba atenazada por creencias religiosas y morales fabricadas.

Este viaje por las noches de la ciudad, con tantos personajes y apodos, recordará a quienes estuvieron allí, en ese viejo Quito, como eran las cosas. Jiménez detalla calle por calle, esquina por esquina, cantinas de bohemios atormentados, clubes nocturnos en toda la periferia, donde desfilan mujeres de toda talla, arrastrando penas y alegrías en una maraña de situaciones; de igual forma jóvenes en busca del “amor”, que ingenian mil formas para lograr sus propósitos.

En esta obra de aventuras eróticas también aparecen personajes reales de la política, que son descritos con sus propios “atributos” y acciones acertadas y desacertadas. Es un relato que gustará mucho a todos quienes recorrieron esas calles y burdeles de diferente calado, donde encontraron aquello que pudieron y desearon. Reverdecerán las neuronas un tanto marchitadas por el tiempo, pero grabadas de recuerdos de una vida que fue. Los jóvenes de hoy sabrán la historia oculta de sus antecesores. Contiene además un plano
del Quito de entonces, donde se marcan con precisión aquellos “lugares de placer”.


 Publicación tomada de Diario La Hora, viernes 7 de marzo del 2014

Hernán Rodríguez Castelo sobre "LA VÍA NOCTURNA" de Nicolás Jiménez


Opiniones de Hernán Rodríguez Castelo sobre LA VÍA NOCTURNA de Nicolás Jiménez extraídas del ensayo publicado en www.hernanrodiguezcastelo.com

La vía nocturna  de Nicolás Jiménez Mendoza es una novela río, narrada desde un presente indeciso y tomando las aguas desde pocos años atrás, casi una década -"conservo una pequeña agenda del año 59, en la que he registrado el tedio vivido día a día"-, por José Elías Arcos (para la jorga "Pepelías"), de la pequeña burguesía del barrio de San Roque, que comenzó por lo ordinario -colegio, algo de universidad, el modesto empleo- pero dio con el camino de la noche, "que no es heroico -dice- sino salida de lo cotidiano". Y ese camino fue la bohemia.

La bohemia del narrador no sería la del borracho, aunque tantos recuerdos se evocan al amor de unas cervezas en bares o de los tragos fuertes en prostíbulos: sería la del gozador del sexo. El disfrute del sexo es verdadero leitmotivo de esta "vía".

El clima es la noche.

Y el escenario, Quito. Este incansable caminar nocturno por las calles del Quito de los cincuentas y los sesentas, recalando en salas de baile y cantinas y en prostíbulos, construye la gran novela del Quito de noche. "Asumí la Vía y la urbe me acogió en su vientre prodigioso", que dice el narrador-actor.
   
Las oficiantes de los misterios de la noche son las putas. Esta novela, que exalta una vida nocturna rica de placeres, ahonda, desde la mirada de este bohemio crítico en el sentido de esas mujeres, en quienes admira -en contra de la generalizada opinión burguesa- su libertad.
   
Y los templos del ritual nocturno eran los cabarets  o night clubs. "recuerdo al Bagatelle y al Pigalle que luego fue el Moulin Rouge, propiedad del  francés Norris. Quedaban por la calle 18 de Septiembre. También al norte de El Ejido quedaba el Boris...". "Un dermatólogo especialista en venéreas, ni más ni menos, instaló un cabaret en el piso superior de los Caldos de la Pedro Fermín Cevallos"... A esos o templos -antros para el moralista burgués- iban también los "paganos"...
   
Y una de las líneas críticas de la novela, de las más duras y hasta crudas, era la de la vida sexual doméstica de una alta burguesía, hecha de frustraciones, hipocresías y mentiras.
   
La liturgia de ese culto era la liturgia carnal, y la preparación para la liturgia misma, o antesala de ella, el baile.
   
El frenesí del ritual nocturno se alcanza en el baile. Los primeros pasos del narrador por la Vía, con algo de iluminaciones o vivencias profundas, se dan en el baile. Bailando con Leda al son de los tambores y el canto de La Negra Caliente, abrazados los dos "y haciendo giros perfectos", "estuve en éxtasis, en conjunción con la luz, la vida, la música y el movimiento. Se me reveló una dimensión nueva, se abrió un mundo para mí, o dio vuelta el que conocía y su envés estaba en el cielo".
   
Nada intelectual y ordenado -un caos-; como las embriagueces de los cultos mistéricos. Cuando, al final, el narrador, acosado por variada suerte de frustraciones, busque dar coherencia a todas las exaltaciones, embriagueces,  voluptuosidades y frenesí de su entrega a la Vía fracasará.
   
Tendrá el narrador en el curso de la Vía revelaciones e iluminaciones -alguna en trance, tras haber fumado hierba- pero ninguna de ellas le dará piedras sólidas para esa frustrada construcción final. Porque, buscando la ascensión, se hunde cada vez más bajo: "Es que yo sentía ese llamado desde los extremos, la verdad de la vida parecía estar siempre allá, en la urgencia del abismo" y "placeres desesperados, por los que yo creí ser fiel a la Vía, que parecía por entonces más tenebrosa que nunca", son textos que, ya  hacia el final, tientan el balance de este perplejo homo viator.
   
Pero la bohemia no es solo bailar frenéticamente y culminar ese frenesí en el sexo. No lo es ni siquiera en esta novela. Es conversar. Esas largas, deshilvanadas, entre ingeniosas y amargas, charlas de los bohemios en largas veladas al amor de unos tragos. La novela atiende a esa cara de la bohemia. Se corta el flujo de la introspección y confidencia con pasajes dialogados, en que cada parlamento comienza con la enunciación del que habla. Retóricamente resulta recurso feliz para romper el peligro de monotonía que en tramos acecha a tan largo recordar. Los personajes  que hablan se hacen conocidos del lector, y lo que traen a la mesa de la cantina son críticas del entorno quiteño -algunas de gentes reconocibles, como para invitar a buscar al esperpento apenas oculto por un nombre deformado-, graciosas ocurrencias, confesión de horas lúgubres. Y hasta poemas y citas filosóficas. Hay el dialogante que, sin romper el hilo de la tertulia, cita a Schopenhauer o a Nietzche. Y la reflexión, iconoclasta y libre, llegaba hasta el tema de la muerte, porque Milton la veía cerca.  De los poetas, son dos los que esos viandantes de la noche aman y admiran: César Dávila Andrade y David Ledesma. Pero, de vez en vez, el Divino mediocre les hacía "el beneficio" de lecturas como "Saludo del policía al mundo", que comienza: "Hombre de bondad infinita / que ante lo inefable del dolor humano, / sabe abrir su corazón, / entregando acucioso su acción, / y siendo digno de toda consideración". Pero ese conversar bohemio se  extendía, disperso y entre festivo y grave, a más.
   
¿Y el final de la Vía?
   
El narrador busca un final. Una prisión le ha hecho sentir la necesidad de un final. Y prepara ese final el balance del haber caminado la Vía.
   
Intenta volver a la Vía, pero se sume en frustración, desencanto y aburrimiento. Se siente en una "cultura nueva". "¿Cuál podía ser mi proclama, mi mensaje -se pregunta, sintiéndose al final de la Vía-? Nada ético, imágenes vagas, que la felicidad está entre los hombres, en todas partes y en ninguna, nada más". Se queda solo y en uno como exilio.
   
Siente la presencia de otro ser en él...  
   
Tuvo, confiesa, "epifanías". Una luz que lo traspasó. "Tuve un orgasmo abismal que jamás había sentido ni sentiría en adelante. Eyaculé, me di cuenta más adelante de que lo hice. Fue una cópula mística". Y experimenta en el corazón "la caricia de la virgen" un 15 de agosto.
   
Pero fueron dice "experiencias temporales", y un contertulio le dijo "que podían deberse a la marihuana".
   
La revelación última, en su cuartucho miserable, fue la de la soledad, "la soledad en que radica la existencia humana". "No había dios ni mundo, ni siquiera deseo de que los hubiese, ni añoranza de que alguna vez los hubiera". "Dios es ajeno al mundo". Y las iluminaciones no pasaban de alucinaciones.
   
¿Dejó por eso la fiesta? "¡Qué va! la fiesta era todavía parte indispensable del camino, lo más fino y perfilado de la Vía. Yo bailaba lo necesario y después a lo principal".
   
El siquiatra Riofrío, consultado por un amigo de Pepelías, el Filoteo, había dictaminado un cuadro esquizoide: el sujeto  concebía ideas ilusorias, se sentía lo máximo. Y seguramente tenía razón. Pero solo parcialmente. En ese obscuro final sin final de La Vía el viandante estaba por encima de la vulgaridad de lo cotidiano, de lo burgués, de lo mercantilista y fenicio; entre todo eso y la nada; en el centro de la realidad, "o sea en ninguna parte". De allí un aferrarse, de náufrago, a las últimas pocas cosas buenas de la vida.
   
Y, entonces, ¿el mensaje?
   
Pregunta fenicia: la gran literatura no termina en un prosaico mensaje; mejor, toda ella es mensaje. El que importa haber convivido con lo visceral de lo humano desde lo más simple a lo complejo; de lo al parecer epidérmico a lo hondo; del vagabundear bohemio por las noches de una ciudad hasta el frenesí de la fiesta, el baile y el placer sexual. De haber caminado por una Vía, que no era sino vía...


 Agosto del 2014


jueves, 9 de enero de 2014

LA VÍA NOCTURNA




Gracias a los amigos Paulina Altuna de Burke y Beat Burke, quienes invirtieron el valor total de la impresión, he podido publicar esta novela que me ha aportado placenteros días de creación y añoranza.

Paulina Altuna y Beat Burke, esposos que residen en Suiza son humanistas colaboradores con importantes expresiones de la cultura ecuatoriana. Ella es pintora y escultora de extraordinario valor, creadora infatigable. Ha mostrado su obra principalmente en Europa.  Beat un empresario humanista, con sensibilidad artística e inteligencia innovadora.  Mantienen Artemis Galerie Suisse a través de la cual han apoyado la labor de pintores ecuatorianos y latinoamericanos, han realizado exposiciones mixtas e itinerantes en Suiza, Bélgica, Perú. Han contado con determinado apoyo de las Naciones Unidas, pero ningún apoyo oficial del Estado Ecuatoriano.

Mi libro, que ellos generosamente auspiciaron, puede resumirse en la aventura interior de un personaje, José Elías Arcos, que hace el camino laberíntico de la bohemia en Quito desde finales de los años cincuentas y hasta finales de los sesentas. Este camino es el de la iniciación en niveles altos de humanismo que finalmente lo salvan en el paraíso de la felicidad que realmente buscaba.

El libro está bellamente editado, el impresor es Dn. Jorge Soto Mardones, bajo el sello editorial Ediciones Bernardo de Legarda, consta de 490 páginas y en cuya portada aparece un retrato dramático del personaje Gyo, ejecutado por Rita Merino.

La relación del medio nocturno y bohemio de Quito es amplio y será reconocido por quienes lo compartieron en la bohemia de ese tiempo.   Por el tema y los personajes será comprendido por ellos y también por las nuevas generaciones.

Reiterando mi agradecimiento a los amigos Paulina y Beat, recomiendo a amigos y no amigos la lectura de La Vía Nocturna, sé que a unos y otros no los dejará indiferentes.

Como a mis libros anteriores, auguro para la Vía una primera etapa de desidia, desconfianza y hasta de temor de nuestro medio cultural tan deficiente en la lectura y luego progresivas etapas de justo reconocimiento porque no será posible en el futuro entender los momentos sociales e históricos a los que aluden mis novelas sin el estudio de las mismas.  Auguro felices y fecundos momentos de lectura a la próxima y subsiguiente generación.

Nicolás Jiménez Mendoza

miércoles, 26 de diciembre de 2012

PERRO LADRANDO A LA LUNA No. 6


Don Baruc de los Altos de Capelo
Srta. Matilda hija de Homero


Don Nicolás dice:

Bizarro (Academia de la Lengua): Viene del italiano  bizzarro = iracundo. En Castellano, se usa como adjetivo: valiente, esforzado. Generoso, lucido, espléndido.

Bizarría (Academia): gallardía, valor. 2 Generosidad, lucimiento, esplendor.  3 (En pintura) Colorido o adorno exagerado.

Bizarría (Diccionario de sinónimos de Corripio): ….. extravagancia, capricho, rareza.

Dos jóvenes, uno debió ser Juan Fernando Andrade, el entrevistador, el otro, fotógrafo, Juan Rhon, me visitaron hace un año y más, por recomendación de Nicolás Jaramillo Dávila, hijo de mi gran amigo Diego, el único monje zen del Ecuador, quien con su  vestimenta japonesa original es un gigantesco y colorido espectáculo en nuestro medio. Los jóvenes me pidieron que les permitiera hacer un reportaje de mi persona y de la tienda donde trabajo “para la Revista Diners”.  El resultado de esa entrevista aparece, en noviembre 2012, como parte de un libro “Quito Bizarro, la antiguía de la Capital” de Dinediciones Aguilar, con una nota en la contraportada, del señor Francisco Febres Cordero –editor- , que advierte: “Este es un libro de vértigo, que puede producir náusea y mareo. Pero también risas. Y avivar nostalgias en busca de la modernidad…”

El pequeño artículo que trata sobre mi persona “Don Nicolás dice” y muy poco del almacén de objetos coleccionables que atiendo, consta al principio del libro entre otros dos  “La Clínica del Juguete” y “La Escuela del mago Fergni”. Y consigna una dirección errada del almacén, la cual en realidad es CCNU local PB23. El texto de “Don Nicolás dice” lo reproduzco íntegro a continuación, pero antes quiero decir algo respecto del libro y del trato que en él se me da.

En primer lugar. El libro que pretende ser, por su título y su selección de sitios y personajes para un “turismo alternativo” (todo: comida servicios, diversión, bibliotecas, ropa, deporte, sexo, escritores, iglesias… ), se evidencia insuficiente. Muchos quiteños habrían podido proporcionar, a los jóvenes autores, numerosos datos sobre lo bizarro, raro y extravagante para los turistas (en cada uno de esos temas) desde lo tradicional y característico de la ciudad hasta lo más raro y enigmático.

En segundo lugar. Se extraña en el libro los “lugares, situaciones y personas” más bizarros  y escondidos de la ciudad.  Sectas esotéricas, cultos indígenas, templos, políticos, deportes raros, magnates brujos, músicos, teatro, las más importantes huecas de comida, las asociaciones de madres solteras, la putería oficial, los monstruos y monstruosidades de los faranduleros, las hospederías para vagabundos, los clubes de peposos y peposas, los adoradores de plantas y animales, toreros y corridas de corral, los cultores de danzas exóticas, los clubes de pelea, las auténticas peñas de quitólogos, espectáculos como el del “el burro y la señorita”, las escuelas del crimen, del lanza, del chineo y el estruche, los elaboradores de filtros, amuletos y bebidas para el amor. Y cientos de etcéteras. Creo que los autores pendejearon y produjeron algo bastante pendejo, solamente para impresionar a ingenuos tirados a vivos, como el editor.

En tercer lugar. Respecto a lo que me toca más directamente, digo que me ha jodido el tono zumbón que se detecta en el articulito. La Filatelia y la Numismática no son temas mortalmente serios, pero tampoco pasatiempos extravagantes, son comunes, practicados por miles y miles de coleccionistas. Menos extravagantes o chifladuras son mis profesiones de escritor e imaginero, como parece que insinúa el articulito que las colocó en una sección de prácticas raras, en lugar de ponerlas en la de “escritores de la capital” donde constan Pablo Palacio, Jorge Icaza, Huilo Ruales, Abdón Ubidia, Francisco Proaño Andrade, Raúl Pérez Torres, Javier Vásconez, Modesto Ponce Maldonado y Diego Cornejo Menacho. Todos magníficos y respetables escritores. De mi “Árbol al filo del desierto”, el doctor Hernán Rodríguez Castelo dijo “me atrevería a decir que es la gran novela de Quito”, por lo menos en cuanto a quiteñidad parece que no debería ser marginada.

En cuarto lugar. Lo que yo digo, según el artículo bizarro del señor Andrade, debo haberlo dicho en un contexto fuera del cual suena a descomunal auto encomio. “Don Nicolás dice que en Ecuador nadie sabe escribir y que por eso, a los 55 años, se propuso hacer unos libros bien hechos y se hizo escritor.”  Esto se debe entender así: desde luego, la literatura en el Ecuador no es de las mejores de América y el mundo ¿verdad? La mayoría dice las cosas de la misma trillada manera y sobre lo mismo. Y se editan ellos decenas de veces, en todas las series y colecciones que manejan desde la burocracia ¿verdad? No es que no existan buenos escritores, algunos de los mencionados arriba lo son (o eran) y faltan otros, Jorge Dávila, Eliécer Cárdenas, Fausto Merino... Pero la situación de nuestras letras es como dije, no se puede afirmar lo contrario ¿verdad? Entonces, cualquiera que se proponga escribir en este tiempo tiene que ir a superar la situación, o morir en el intento ¿verdad?

Por último. Que “La Obra y los duendes ecuatoriales” es más que una descarga contra las oligarquía pícaras que han hundido al Ecuador, no lo digo yo, lo han dicho quienes creen que es algo nuevo y bastante mejor que lo común. Si a alguien le importa puede revisar la crítica hecha por gente de fuera, porque la de adentro permanece muda al respecto.


Reproducción de DON NICOLÁS DICE, página 28 de Quito Bizarro, Dinediciones, Quito 2012 por Juan Fernando Andrade y Juan Rhon:

Si algunas cosas parecen fuera de lugar en su oficina son precisamente la silla en que se sienta y el escritorio sobre el cual trabaja.  Todo lo demás: los libros, los discos de vinilo, las antigüedades, las figuras religiosas y los cuadros parecen haber llegado allí antes que él y no tener la más mínima intención de retirarse.

Nicolás Jiménez Mendoza no tiene barba, pero la mitad de su cara está cubierta por un velo blanco que solo se percibe cuando la luz le da de frente.   Su cabeza brilla porque está calvo y el cabello que le crece a los dos lados termina en una corta cola de caballo sobre la nuca.  Si bien tiene cara de poder dedicarse casi a cualquier oficio, es complicado deducir que se haya pasado vida y media mirando estampillas.

Don Nicolás dice que coleccionó estampillas durante más de treinta años, que se especializó e los siete sellos clásicos del Ecuador con todas las variedades, que la suya era una colección de timbres integrados al documento, es decir, un pedazo de la historia postal de nuestro país, y que la vendió a principios de los noventa para dedicarse a comercializar objetos de colección.

Don Nicolás dice que durante 24 años se dedicó a rescatar las técnicas de la Escuela Quiteña como director del Taller Escuela Bernardo de Legarda en el Banco Central.  Que todo se vino abajo en la crisis de finales del Siglo XX, cuando los bancos quebrados entregaron sus obras de arte a la AGD para pagar sus impagables deudas y el mercado se llenó de antigüedades que se vendieron a precio de gallina enferma.

Don Nicolás dice que antes la gente vivía en casas y había salas adornadas que eran la sede social de la familia, donde se festejaban los cumpleaños y la navidades.  Pero ahora la gente vive en departamentitos, las familias son cortas y no tienen que decorar sus salas, al contrario, a cada rato se encuentran con cosas que no tienen donde poner y las venden a gente como él.  Dice que ya no hay muchas tiendas como las suya – que dicho sea de paso lleva 22 años abierta-, porque este es un hobby pendejo y uno sigue en esta vaina a punta de moneditas, que además está jubilado y es poco lo que tiene que hacer aparte de regar las macetas.

Don Nicolás dice que en Ecuador nadie sabe escribir y que por eso, a los 55 años, se propuso hacer unos libros bien hechos y se hizo escritor.  De esa certeza salieron el libro de cuentos El Asunto y las novelas Sara, Árbol al filo del desierto (Premio Joaquín Gallegos, 2000) y La Obra y los duendes ecuatoriales
Dice que en esta última se dio el gusto de descargar toda la furia de un patriota amargado contra los que llevaron el Ecuador a la crisis de fin de milenio.  Dice que a partir del año2000. Nuestra historia dio un giro provocado por la globalización y que la gente del siglo XXI es gente diferente.  “Ustedes son otra gente” dice don Nicolás, y para explicárnoslo con claridad se tomó 859 páginas, según el escritor Eliécer Cárdenas es “una especie de Ulises de Joyce a la ecuatoriana, más bien a la quiteña”.

Don Nicolás atiende de lunes a viernes de 11:00 a 16:00.  Los únicos libros nuevos que vende son los que ha escrito. 

sábado, 1 de diciembre de 2012

Palabras de Mario Vargas Llosa




"Advertirles que la literatura es fuego, que ella significa inconformismo y rebelión, que la razón de ser del escritor es la protesta, la contradicción y la critica. Explicarles que no hay término medio: que la sociedad suprime para siempre esa facultad humana que es la creación artística y elimina de una vez por todas a ese pertu
rbador social que es el escritor, o admite la literatura en su seno y en ese caso no tiene mas remedio que aceptar un perpetuo torrente de agresiones, de ironías, de sátiras, que irán de lo adjetivo a lo esencial, de lo pasajero a lo permanente, del vértice a la base de la pirámide social.

Las cosas son así y no hay escapatoria: el escritor ha sido, es y seguirá siendo, un descontento.

Nadie que esté satisfecho es capaz de escribir, nadie que esté de acuerdo, reconciliado con la realidad, cometerá el ambicioso desatino de inventar realidades verbales. La vocación literaria nace del desacuerdo de un hombre con el mundo, de la intuición de deficiencias, vacíos y escorias a su alrededor.

La literatura es una forma de insurrección permanente y ella no admite las camisas de fuerza. Todas las tentativas a doblegar su naturaleza airada, díscola, fracasan. La literatura puede morir, pero no será nunca conformista."


Jorge Mario Pedro Vargas Llosa


Nacido en Arequipa, Perú, el 28 de marzo de 1936


Premio Nobel de Literatura en 2010

PALABRAS SOBRE "LA OBRA Y LOS DUENDES ECUATORIALES"

“Los ecuatorianos que no van a sentirse ofendidos –a menudo de manera personal con nombres apenas ficticios- son pocos. La novela vitupera a gran parte de sus lectores y simpatizantes potenciales y me pregunto cuántos de los que no rechazan la Obra por esta razón van a tener la fortaleza de terminar sus 859 páginas.
Se narra en fragmentos de contrapunto y es más que nada una crítica feroz del mandato de Mahuad como apoteosis de incompetencia y corrupción.”
PETER THOMAS

“Nos señala al poder político deshilachado por los mordiscos despiadados del poder económico. Es el banquete caníbal de los poderosos, entre ellos devoraron, y la indigestión de los engullidores tuvo al país ecuatorial con dolor de barriga…. El autor se la busca con algunas de las estrellas del periodismo y les descubre la veleidades… las voces de la calle compiten con sus mitologías del poder político creadas por los medios de comunicación.”
JUAN MONTAÑO ESCOBAR

“Disecciona con humorismo, ironía, pero también con amarga pluma la serie de taras, ridiculeces, pillerías, supercherías y timos que aquejan a la “quiteñidad” y de manera más general a todos los “duendes ecuatoriales” sin distingo de color, sexo, religión o política.
Los lectores podrán solazarse pero también indignarse con el esperpéntico recuento de nuestros gobiernos anteriores, el tristemente negro feriado bancario, el régimen de Abdalá, el de Mahuad. Las trapisondas y pillerías de la corrupción al parecer sempiterna…”
ELIÉCER CÁRDENAS E.

“El libro es original, tiene características particulares y destacables, pero es también dinamita, porque compromete a mucha gente viva y curiosamente también compromete a mucha gente vivísima y a pocos héroes muertos de los que es fácil hablar bien. En su mayoría los personajes tienen curiosos, aunque bastante obvios sobrenombres que nos permiten identificarlos.” 
CÉSAR CORONEL


Es una novela de ficción histórica, que analiza los vericuetos del poder, despelleja al gobierno de Mahuad y sus movidas.
…una pintura auténtica con fácil identificación de los actores políticos, pese a sus satíricos seudónimos.
Las editoriales escogen unos escritores para promoverlos, a veces con novelas ligeras y cursis y no a otros que, como Jiménez golpean con la realidad ecuatoriana.”
EDUARDO NARANJO

“Los diferentes personajes de los disímiles relatos confluyen en un halo de corrupción que envuelve a la ciudad de Quito. Muchos van con la corriente que, depredadora, arrastra a los débiles y codiciosos por un río interminable de podredumbre. Los insólitos nexos entre medios de comunicación, instituciones religiosas, privadas, públicas, extranjeras y sicariatos hacen de este texto una novela que muestra el complot detrás del gobierno y desenmascara una ideología heredada que macera y corrompe a la sociedad…
Cuenta, punto por punto, los pormenores de todo lo sucedido en el gobierno y derrocamiento de Mahuad (Jarir Abdul) y toda la maraña de trampas, tranzas y relaciones de poder que se crearon para confabular en uno de los períodos más nefastos de la historia política del país.”  
LECTOR DE “EL CONEJO”

“El autor matiza la trama con episodios eróticos, escenas de carácter histórico y mordaces cuadros de gente que jugó un rol especial en su vida: maestros, condiscípulos, vecinos, amigos de taberna y mujeres de toda condición; no se escapan curas morbosos, burócratas corruptos y políticos desatinados.
La obra tiene más de un protagonista narrador. Pues los hechos se cuentan en primera y tercera persona (sic). Con la tercera ironiza los hechos políticos, sus corrupciones y miserias morales, la quiebra del sistema financiero, el desprestigio de los medios de comunicación, la vida citadina, las costumbres y cotidiano ritmo de ciertas familias notables de la capital.”  
LECTORA DE LA CASA DE LA CULTURA

“La denuncia de la falsedad del sistema es implacable y consiste principalmente en mostrar, desde ángulos sorprendentes, hechos y protagonistas que aparecieron en los diarios de la época, y los comentarios que, sobre éstos, hicieron otros personajes con cáustico humor quiteño.” 
LECTOR DE EDICIONES LEGARDA

 “La investigación detrás de las condiciones políticas, sociales y económicas es lo que dota a la novela de un sabor propio, casi adictivo. No se puede dejar de leer hasta haber terminado de jugar a reconocer a los personajes actuales que retrata la historia, separándolos por supuesto de los que son ficticios.”
WALTER FRANCO


jueves, 1 de noviembre de 2012

Javier Marías ejemplo para la "sinvergüencería" intelectual


Javier Marías no aceptó un premio oficial (español) por vergüenza, mientras en el Ecuador hay literatos a quienes se les moja la canoa por el ansia de que el gobierno les premie de alguna manera. Los nombran representantes del país en ferias internacionales, son garcías los más promovidos, pero no tanto como otros que además son empleados del gobierno y nos dejan en ridículo apenas tienen que contrastar su talentos con intelectuales de verdad. Y no son sinvergüenzas sólo los viejos oligarcas de esta pobre cultura, también están los nuevos que ya hacen notar su voracidad por agradar a autoridades y editoriales mediante coqueteos en los medios, es el caso de un joven de apellido Lugo, quien recién ha presentado su primicia, regular y simplona, pero ya lo han delegado (¿quiénes?) para representar a los escritores ecuatorianos en una feria internacional. El joven debe haberle hecho un buen trabajo extra literario, a alguien, para merecer tal honor.

Hay premios Eugenio Espejo, especialmente los últimos, que no tienen cómo parecerse a maestros de la talla de un Hernán Rodríguez Castelo, pero ahí están disfrutando el sueldo y lo demás. No hace falta que los nombremos, son ampliamente conocidos (qué alivio ¿verdad chicos?).

Todos sabemos que los concursos literarios locales son generalmente fraudulentos (y algunos extranjeros también), se los otorgan amigos a los amigos, salvo en casos excepcionales, y con cargo a retribución. Por falta de otras pruebas hay que comparar los libros que perdieron esos concursos y lograron ser publicados, con los ganadores… Hay bodrios que ostentan premios  inexplicables, por sobre otros de innegable mérito superior. Salvo la pasión por figurar, las cosas que producen esos y esas merecen muy poco.

Javier Marías es buen escritor, sin duda, Mañana en la batalla piensa en mí es una novela memorable, ya premiada, pero lo que más debían imitarle nuestros vanidosos escritorcillos es la vergüenza intelectual.  

miércoles, 8 de agosto de 2012

POR ENCIMA DEL VIENTO. Poesía de Pedro Jiménez Prado


El poeta es quien hace nuevas las cosas. No hay creador como el poeta, entre nosotros es el mayor. Yo reconozco esta condición en mi amado hijo Pedro Jiménez Prado. Él es un biólogo de vocación y oficio, un maestro universitario.  Ha publicado extensos libros científicos sobre peces marinos, también investigó largamente a unos simios, en la selva, para elaborar una tesis académica. Ha ido por el mundo ejerciendo su apostolado por la vida, aprendiendo y enseñando sobre el gran milagro por el cual el cosmos y el hombre persisten en la existencia, permanecen en el afán de perfección y felicidad. 

Y por otro cauce que parece natural de su fecundo quehacer, Pedro hace poesía. Su libro “Por Encima del Viento” (Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Esmeraldas 2012) expresa su pasión por lo más hondo de lo humano y bello del universo.

Su tránsito por regiones profundas es como cursar el laberinto, y su hilo conductor, una vez más, el amor. Dice Pedro, a lo largo de su libro: 
“Una nueva y desconocida ansiedad se une a mi destino…
Revive la grandeza de tu vientre reivindicando lo eterno de tu esclavo…
Mujer del cambio prohibido renueva tus votos y redescubre mi destino…
Varios los dominios que cruzamos pero una sola la gloria que alcanzamos…
Júbilo por el gozo de sentirte latiendo en mis sentidos…
Estoy nuevamente parado en la esquina
esperando el segundo en que te cruces volando…
Amanecer tierno de mujer, vientre y arrepentimiento…
Menos mal que algunos quedamos cubiertos por la luz de tus ojos
y la fuente de tus labios…
Solo hizo falta abrir mis ojos para ver tus labios
sonriendo a este mundo y regalándole su aliento…”

Por ahí mismo, Pedro se encontró con Dios, habría sido insoslayable el encuentro. El poeta lo increpó con fuerza:
“Reniego de tu presencia… A esclavitud eterna sometes al hombre… Indulta al miserable hijo de los tiempos…”
Más adelante, reconoce:
“Regalas a la tierra la felicidad de tu sonrisa…”
Y concluye, Pedro, con el conmovedor pedido:
“Para toda esta deuda, vida no me quedes corta…”

Con lenguaje intenso, muy sentido, reiteraciones y bellas imágenes, la poesía de Pedro se nos manifiesta generosa en este libro, el primero que debe ser, de otros que ya esperamos. Felicitación y buenos augurios para ti, querido Piedrita.

Nicolás Jiménez Mendoza